martes, 8 de agosto de 2017

Organismos de derechos humanos exigen que el Estado encuentre a Maldonado “Tenemos un desaparecido en la democracia del señor Macri” Los organismos de derechos humanos denunciaron la responsabilidad del Estado en la desaparición de Santiago Maldonado, el joven de 28 años de quien se desconoce el paradero desde la represión a la comunidad mapuche Pu Lof Cushamen, y convocaron a una movilización el viernes que viene “para demostrarle al Estado que el pueblo no va a tolerar tamaña ofensa contra la democracia”.

Representantes de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Abuelas de Plaza de Mayo, Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y el Centro de Estudios Legales y Sociales exigieron al Gobierno nacional la aparición con vida de Maldonado y reiteraron que tiene que quedar claro que se trata de una persona “que ha desaparecido por la violencia institucional del Estado”. El próximo viernes, se realizará una concentración en Plaza de Mayo para exigir su aparición con vida. “Que la comunidad argentina sepa que tenemos un desaparecido en la democracia del señor (Mauricio) Macri”, manifestó la presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto, durante la rueda de prensa que brindaron los organismos en la sede de la Asociación.  Nocetti, defensor de media docena de represores de la última dictadura cívico militar, participó en la brutal represión del martes pasado, en la que 100 efectivos de Gendarmería ingresaron ilegalmente a la comunidad mapuche, tiraron balas de plomo y arrasaron con todo lo que encontraron a su paso. Los habitantes de la comunidad cruzaron un río para protegerse, pero Santiago, según todos los testigos, se quedó en la orilla, donde fue apresado y subido a una camioneta de Gendarmería. Desde entonces se desconoce su paradero.  “Nocetti ha ido a coordinar los operativos personalmente, es el responsable directo e inmediato de la desaparición forzada” de Santiago, manifestó Verbitsky.“Santiago Maldonado es un detenido desaparecido. Es imposible exagerar la gravedad de este episodio porque la sociedad argentina no puede tolerar que una persona desaparezca en una época de pleno funcionamiento de las instituciones”, sostuvo el presidente del Cels, Horacio Verbitsky. Para Verbitsky, “es inaudito” que el Gobierno “se lave las manos” cuando está demostrada la intervención de Gendarmería y la presencia en la zona de Pablo Nocetti, jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad.
“Hemos retrocedido 40 años. Con vida lo llevaron, con vida lo queremos, aparición con vida y castigo a los culpables”, expresó a su turno Taty Almeida, de Línea fundadora, quien denunció como "inadmisible” el regreso de la palabra desaparecidos durante un gobierno constitucional. “Hay pruebas de que el Estado es el único culpable y responsable de la desaparición de Santiago”, añadió Almeida.
Norma Ríos, presidenta de la APDH, a su turno, puso el foco en la violencia que vienen sufriendo los pueblos originarios y recordó que en enero se denunció que los abogados de la comunidad estaban siendo amenazados “sistemáticamente”. Detalló que el organismo estuvo presente en todos los rastrillajes de búsqueda, pero denunció las ineptitudes del Gobierno para llevar adelante la investigación. “Nadie nos avisó que iban a estar la Policía y la Gendarmería”, explicó.
Para Ríos, los funcionarios están buscando “a una persona extraviada y no están enmarcando la búsqueda dentro de una desaparición forzada, como deberían”. “Este ataque contra la comunidad no es causal. Es un mensaje del Gobierno, que quiere decir: ‘muchachos con nosotros no se jode’ “, añadió la presidenta de la APDH.
Ríos denunció "una campaña para mostrar (a los mapuches) como terroristas”, pero ellos “lo único que quieren es explicar quiénes son”. “A las mansiones de Lewis, Benetton y demás suelen asistir todo tipo de gobernantes”, recordó la representante de la APDH al mencionar la relación de algunos miembros del Gobierno con los grandes empresarios de la región.
“Hicieron una ensalada descomunal en la que mezclaron a todos, como parte de una conspiración terrorista”, denunció Verbitsky, quien agregó que “da risa lo que hacen” porque la información que muestran de los elementos que recabaron de la comunidad son taladros que usan para construir sus viviendas, serruchos, martillos y destornilladores que usan para construir sus viviendas. “Tenemos terroristas de martillo, según el Gobierno”, bromeó.  Verbitsky recordó que es una comunidad víctima de violencia hace siglos y resaltó que “Nocetti pretende que creamos que esto pasó por absoluta casualidad”.
En otro tramo de la conferencia, Estela de Carlotto leyó la carta enviada por los hermanos de Santiago. En ella, señalan que el Estado Nacional, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, el juez Guido Otranto y el Ministerio Público “son responsables de la aparición con vida” de Maldonado. “Hasta que no esté con nosotros, responsabilizamos a Gendarmería”, indicaron sus familiares, quienes además criticaron la actitud de los funcionarios y los miembros del juzgado. “No nos sentimos ni contenidos ni acompañados. No estamos de acuerdo con el informe del juzgado ni con las declaraciones de Bullrich. Vamos a seguir confiando en los testimonios, el informe de la Defensoría y de organismos como la APDH y el CELS”, concluyeron.

EL CODIFICADO, LO QUE VIENE, SEGUN ANFIBIA



¿Porqué tan pocos derraman lágrimas por la desaparición del fútbol por televisión abierta? Con los años, el espectador promedio se transformó en un sujeto adocenado, capturado por el verso de la pasión, escribe Pablo Alabarces. Fútbol para Todos permitió el acceso a ver los partidos y tuvo la oportunidad de terminar con el relato machista, el melodrama y el exceso de teatralización, pero se apoyó en los viejos y peores vicios de la narrativa futbolera. Lo que viene, con la re-privatización, no será otra cosa que lo mismo o peor. Pero pagando.

Y bien: se viene el codificado, se viene. Vuelve. A llorar a Cuba. 
La transmisión por aire del fútbol fue una de las innovaciones más interesantes del período kirchnerista, sin que esto signifique celebrarla de pie y a los gritos como tendió a hacer su rama sunnita. Es probable que en sus errores gigantescos está la razón por la que nadie parece derramar demasiadas lágrimas por su desaparición. En ellos, o en que el espectador promedio del fútbol argentino se ha transformado en un sujeto adocenado, inmerso en una alienación de libro –quiero decir: que podría ser esgrimido como ejemplo perfecto por cualquier defensor de las viejas teorías de la alienación, que evidentemente no debieran haber pasado de moda–; un sujeto capturado por el verso de la pasión, a partir del cual justifica las tonterías más descomunales. Por ejemplo, pagar entre 300 pesos (si ya paga a su vez el servicio de cable) y 1200 pesos (si aún no lo hace) para poder ver en HD las aventuras de Tigre frente a Vélez.

Como es bien sabido, Mauricio Macri había sugerido, en tono de promesa de campaña, la continuidad de la transmisión por aire de los partidos de fútbol. Pocos podían dudar de que no pensaba cumplirla, especialmente cuando, ya presidente, nombró a Fernando Marín a cargo del programa: Marín sólo servía para liquidar activos y transformar empresas sociales en negocios privados, como demostró en Racing Club. Para colmo, al batallar sobre el déficit fiscal y la “pesada herencia”, le costaba poco encontrar en Fútbol para Todos (desde ahora, FPT) un ejemplo fantástico de gastos inútiles heredados. Desde ya que el nuevo pacto con Clarín, al que Macri le entregó el desmantelamiento de la ley audiovisual kirchnerista en pocos días, tenía que involucrar al fútbol y la televisación, aunque fuera mediante la retorcida maniobra con la que se consagró a Fox y a Turner como nuevos beneficiarios.

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Los hechos son conocidos: por un lado, la adjudicación la hace una AFA libre de toda influencia del pasado y entregada a la nueva administración a través del pacto Macri-Angelici-Moyano. Por otro, la oferta de Fox incluye tanto la alianza con TyC en la producción como la cancelación del juicio que ésta le había entablado a la AFA por la creación de FPT junto al gobierno de Cristina. En definitiva: Clarín mejora su posición, en tanto regresa con todos los beneficios y sin los costos de aparecer pegado a la propiedad directa. Lo que sigue será facturación directa e indirecta: por la codificación y por la transmisión, abierta o codificada, por cable.

Y sigue también un negocio descomunal para todas las partes, salvo para la mayoría de los clubes. El reparto inequitativo se mantiene, haciendo caso omiso de las experiencias más aventajadas (la inglesa y la alemana, donde el reparto también toma en cuenta el desempeño deportivo y no meramente la condición de “grandeza”) y el punto de partida sigue siendo una deuda francamente impagable, que los dirigentes sólo saben cómo aumentar. El panorama es espantoso, si no fuera desopilante. FPT fue creado en 2009 con el argumento central de la deuda de los clubes. Ocho años después, esa deuda no hizo sino aumentar: el kirchnerismo llenó de dinero a los clubes a cambio de ningún control, ninguna regulación y ninguna supervisión. La consecuencia sólo podía ser más deuda, unos cuantos procesados (de ambos lados del mostrador: Aníbal Fernández y también Luis Segura) y, lo peor, el desprestigio general del programa. Como dije arriba, fácilmente caracterizado como un gastadero inútil.
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Es posible que sólo encontremos novedades por el lado de los soportes. Se sabe que la multiplicación de las plataformas está volviendo obsoleta la transmisión a los viejos televisores: de allí que hasta Twitter está experimentando con la transmisión de eventos deportivos a los celulares con cierto éxito (¡golf en el celular!). Por eso, habrá que ver cómo se diseña un negocio cuyo viejo modelo (cobrar el codificado y el codificador hasta en los bares) ya peca de obsolescencia. Por el lado de los contenidos –y muy especialmente, la gramática de esos contenidos: los modos del relato televisivo–, pudimos ver en este largo año de transmisión por los canales privados que nada nuevo hay bajo el sol: desde Marcelo Araujo para aquí, no se ha inventado nada. Ni siquiera modificaron esos zócalos insoportables con publicidad, que aparecen cuando la acción transcurre justo ahí, en la banda inferior de la pantalla.

Una oportunidad perdida

Nombrar a Marcelo Araujo no es invocar su nombre en vano. Entre el viejo modelo AFA-Clarín-TyC, el posterior FPT y el que se viene, las discontinuidades fueron únicamente de acceso, y hasta ahí: se dejó de pagar el codificado, pero la televisión digital (la TDA) no pudo aún superar una influencia menor, lo que obligaba a los espectadores a seguir pagando el cable si querían ver los partidos aunque fuera por la Televisión Pública (para no hablar de DeporTV, que no sale en el aire). La aparición de Araujo como director periodístico de FPT en 2009 (duró hasta 2014 en el staff) permitía preguntarse varias cosas sobre la coherencia ideológica del kirchnerismo, pero ninguna sobre la orientación del programa: iba a ser, y fue, puro conservadurismo periodístico y televisivo. En nombres: de la mano de Araujo aparecieron sujetos de la envergadura narrativa de Tití Fernández y Marcelo Benedetto. Cuando el modelo Araujo pareció crujir (especialmente, porque ya no reconocía a simple vista a ningún jugador que no fuera Riquelme), FPT convocó como estrella a Sebastián Vignolo, que combina todos los defectos de Araujo, Niembro, Closs, Macaya y hasta José María Muñoz, pero ninguna de sus virtudes (con mucha condescendencia).

La pluralidad de voces declamada como objetivo por el kirchnerismo supuso, en el monopolio televisivo del fútbol, la chatura y coherencia más radical: la enunciación se llamó Fox Sports. Lo que FPT puso en el aire fueron las gramáticas televisivas y los ripios orales de Fox. Los exabruptos nacional-populares de Javier Vicente no significaban innovación, sino apenas un acento local. Que, por cierto, faltó de modo grosero: siendo la Televisión Pública argentina, sus tonadas siguieron siendo exasperantemente porteñas. La única afirmación federal era su clip de apertura, decorado con la clásica iconografía multi-paisajística “de Ushuaia a La Quiaca” que ya hemos visto en todas las publicidades de Quilmes. Jamás un acento provinciano osó violentar la monotonía porteña de las voces periodísticas –en el mismo momento en que jugaban equipos de más provincias que en los viejos Nacionales de los años ‘60 y ‘70.
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Todo esto, claro, para no hablar de las groserías de género. FPT tuvo la oportunidad de dar vuelta como un guante el relato periodístico: por el contrario, ratificó todos sus vicios, y entre ellos su machismo. Sólo cuando comprobaron que habían olvidado cumplir la cuota de género, convocaron a dos voces femeninas: Viviana Vila para comentar, Ángela Llerena para hacer campo. Ninguna relatora, no fuera cosa. Y para rematarla, las dejaron afuera del plantel enviado a la Copa de Brasil 2014: el último día le pagaron unos viáticos a Lerena, como para solucionar tamaña omisión.

Antes de eso, un Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo de 2013, Viviana cubría un partido, por lo que se le concedió la lectura de un texto alusivo en el entretiempo. Pero, mientras transcurría el gesto de corrección política –qué mejor que un texto hablando de los derechos y las luchas femeninas, en boca de una mujer, durante un programa futbolero–, el director de cámaras no tenía mejor idea que ir enfocando mujeres, todas ellas bellas y jóvenes: demostrando que, a pesar de todo, la mirada y la administración seguía siendo del macho, invariablemente limitado al principio “mirá qué fuerte que está esa mina”.

Unos meses después, Fútbol para Todos decidió promocionar su página web y la posibilidad de acceder a los partidos on line: lo que permitía, según decía el locutor, que la señora pudiera seguir viendo la telenovela (sic) mientras los tipos veían los partidos en la computadora.

En resumen, persistieron todos los vicios del relato televisivo previo: la narración melodramática, el abuso del plano detalle, la teatralización y el histrionismo de los actores resaltado sobre el juego propiamente dicho, la parafernalia tecnológica que exhibe el exceso de puntos de vista; el lenguaje coloquial y grosero, el chiste grueso y sexualizado, ciertos giros incluso racistas. La posibilidad de construir un relato novedoso, desligado de los condicionamientos mercantiles de la industria cultural, se perdió.

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El colega inglés David Rowe, hoy profesor en Australia y que ha trabajado por años el problema de la transmisión de deportes por televisión como problema cultural, afirma que la televisación estatal y pública de los eventos deportivos –y no solo los deportivos– presenta cuatro ventajas:

1. Por supuesto, el acceso, en tanto no limita esa posibilidad al poder adquisitivo o la ubicación geográfica: el deporte circula por televisión abierta, gratuita y de acceso universal.

2. Ligado a lo primero, la estabilidad y confianza en la transmisión, que deja de estar sujeta a decisiones meramente basadas en la maximización de la ganancia o a la relación costo-beneficio.

3. Y además, la posibilidad de la innovación y la calidad: en tanto desligada de la lógica mercantil de la ganancia, la televisación pública puede apostar por la experimentación, por la mejora en la calidad de imagen y relato, por apuestas estéticas indiferentes al rating. Las posibilidades técnicas deben sujetarse a esta lógica estética, y no como mera hipérbole y efectismo, como ya señalamos: la cámara puesta al servicio de la calidad narrativa, y no de decidir si Barros Schelotto putea o tiene caries.

4. Entonces, consecuentemente, debe permitir la crítica y la diversidad de modo radical: el pluralismo de voces entendido como gesto radical, una radicalidad que incluya, si fuere necesario, la crítica del propio emisor –por ejemplo, la AFA o el gobierno nacional o las políticas sobre violencia, de las que se evitó cualquier mención.

De todas esas posibilidades, Fútbol para todos prefirió ninguna: se quedó con la continuidad, la repetición, el conservadurismo estético y narrativo. Apenas innovó en un aspecto: como las publicidades se limitaban a propaganda estatal, se añadieron algunos cortos dedicados a aspectos poco conocidos de los clubes de fútbol –sus niños, su personal auxiliar, sus instalaciones– o apenas celebratorios de sus historias. Y durante las transmisiones, en algunos partidos, la conversión de un gol se conectaba, en pantalla partida, con su festejo en un hogar de fans en algún lugar lejano del país –recordemos que la mayor parte del fútbol argentino ocurre en Buenos Aires. En una palabra: sus innovaciones se limitaron a redundancias del populismo más esquemático, tanto que hasta Turner puede copiarlo sin mayores problemas ideológicos.
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Pero aquí está el problema central, porque incluye al machismo: la televisación del fútbol es pura construcción y reproducción de sus peores taras. No sólo de los lugares comunes del lenguaje –es posible que la última metáfora inteligente la haya inventado Víctor Hugo en su célebre transmisión de 1986, y fue por radio, no por televisión– sino también de la imagen. Celebración aguantadora del “ponga huevo” y del desgarramiento, de la jetsetización y el chismorreo, de la trampa presentada como picardía, del propio periodismo deportivo vuelto celebrity. Cuando esa transmisión fue estatal, tenía múltiples posibilidades y algunos peligros. El kirchnerismo desechó todas las primeras y cayó en todos los últimos. De toda la lista que propone David Rowe, sólo se aceptó la del acceso. No hubo una sola innovación técnica o estilística (o lingüística), no hubo un mínimo atisbo de crítica o autocrítica (no hubo un solo spot dedicado a la violencia, como si ella no hubiera existido), siguió organizada por el ráting y las decisiones del “mercado” –el riverboquismo como última posibilidad del pensamiento.

Por supuesto, no esperemos milagros de Fox, si no los tuvimos hasta ahora.

Lo que viene, lo que viene

Relean los párrafos anteriores: eso es lo que tendremos por delante, que es lo que tenemos por detrás, con la salvedad de que las mujeres han vuelto a ser expulsadas del vestuario masculino que es el relato televisivo (y radial) futbolístico. Sumémosle el costo del codificado, y tendremos lo que nos espera en la próxima década, única diferencia con la pasada.

La conclusión obvia debiera ser la convocatoria a un boicot de los espectadores, que nadie parece estar muy interesado en lanzar, como si pagar para escuchar a Vignolo y ver a Boca fuera el máximo deseo para un argentino macho promedio.

Vuelvo sobre esa vieja palabra: alienación. Frente a esta expropiación del acceso, habiendo probado otra posibilidad –con todos los problemas que señalé, pero al menos gratis–, la única razón por la que no ha aparecido una movilización de hinchas reclamando por la medida y anunciando un boicot de masas es ésa: la alienación futbolera está a punto de caramelo.

La otra solución roza –incursiona en– lo delictivo: dedicarnos en forma masiva a la piratería de señales de Internet. Por eso, me temo, esta columna no puede recomendar Rojadirecta.com o sitios por el estilo. Además, para lo que hay que ver. Personalmente, le sacaré el polvo a mi viejo hinchismo por el Arsenal de Londres. Otro día cuento por qué me hice hincha de los Gunners.

´´LA MUERTE NO DUELE``


La frase le pertenece al diputado y abogado de presos políticos Rodolfo Ortega Peña, quien fue asesinado el 31 de julio de 1974 por la Triple A, a los 35 años.




Ortega Peña
Había nacido el 12 de septiembre de 1935 y se crió en una familia de clase media. Fue un estudiante muy destacado y recibió el título de abogado a los 20 años, pero además contó con estudios avanzados en las carreras de filosofía y ciencias económicas. Su ingreso a la vida política ocurrió tras el Golpe de Estado de 1955 que derrocó a Juan Domingo Perón.
Pese a que había simpatizado con el frondicismo y la Federación Juvenil Comunista, se lo podía definir como un peronista de izquierda. En 1973 asumió como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, integrando la lista del FreJuLi. Juró bajo el lema “la sangre derramada, no será negociada”, en alusión a la Masacre de Trelew del año anterior. En aquella oportunidad, Ortega Peña se había presentado en el penal para conocer la situación de los detenidos pero no pudo evitar su fusilamiento.
Representó legalmente a presos políticos, sindicalistas, obreros y fue el abogado de la Federación Gráfica Bonaerense. También fue un historiador revisionista y codirector de la revista “Militancia”, junto con Eduardo Luis Duhalde. Se convirtió en uno de los principales denunciantes de la actividad parapolicial de la Triple A. Sus amigos le sugerían que bajara su exposición pública y se cuidara, pero el “Pelado” les respondió justo el día previo al crimen: “La muerte no duele”
El 31 de julio de 1974 estaba en su oficina del Congreso de la Nación cuando lo llamó alguien que se presentó como un periodista de El Cronista Comercial y, al comentarle que quería hacerle un reportaje, le preguntó hasta qué hora podía encontrarlo ahí. Como el supuesto periodista no apareció, Ortega Peña se retiró junto con su esposa en un taxi. Al bajarse, se le acercaron tres hombres que viajaban en un Ford Fairlane y comenzaron a dispararles con ametralladoras. La esposa recibió un tiro en la boca, pero él sufrió ocho impactos en la cabeza, uno en la muñeca y otro en el antebrazo, entre otras heridas. Cayó muerto, en medio de 24 cápsulas servidas.
“No ha muerto simplemente el diputado, sino un militante del peronismo revolucionario que tenía una vieja y consecuente lucha al servicio de la clase obrera peronista y del pueblo”, dijo Duhalde en su velatorio. Y agregó: “No nos cabe duda de que son precisamente los enemigos del pueblo por el que luchaba Ortega, quienes lo asesinaron”. Tras esta ceremonia, una caravana formada por obreros gráficos y militantes de la mayoría de las organizaciones de izquierda acompañó su cuerpo hasta el cementerio de la Chacharita, pero fue brutalmente reprimida y la jornada finalizó con un saldo de 380 detenidos.

lunes, 7 de agosto de 2017

LOS BROTES VERDES FRITOS DEL 2017:

 la economía de Macri no remonta, apenas rebota.


En los últimos meses, el Gobierno y el sistema de medios oficialistas comenzaron a machacar con el esperado inicio de la "recuperación económica". Mientras Durán Barba, con buen tino, recomienda no hablar de la economía, es decir, de la realidad que viven millones de argentinos, se suceden los titulares de los diarios sobre una supuesta recuperación con epicentro en la construcción y en la industria.
En 2015, según las estadísticas revisadas por el INDEC de Macri, la economía creció 2,6%. En 2016 prometieron una inflación de 20% y un tímido crecimiento de 1%. Pero la inflación fue más del doble llegando a 42% y la economía cayó en picada, un -2,2%. Después del desplome de 2016, es habitual que por cuestiones meramente estadísticas, se produzca en 2017 un “rebote”, que parece mayor cuando se lo compara con los penosos indicadores del año pasado. El optimismo del gobierno y del periodismo oficialista se basa en comparar Macri 2017 contra Macri 2016. Pero lo cierto es que todos los valores son muchos peores que los del país que recibió el gobierno a fines de 2015.

Podemos vivir peor: a casi dos años de gobierno de Macri, la actividad económica no supera los niveles que alcanzó en 2015. Y el consumo masivo sigue cayendo.


Todas las series se ubican por debajo de los máximos de 2015. Es decir, van casi dos años de macrismo y todo está peor.
Los sectores productores de bienes siguen por debajo de los niveles de 2015, incluso para las “estrellas” de este 2017 que son el sector agropecuario y la construcción. Según los datos del indicador de actividad de INDEC (EMAE) a mayo, la actividad en el agro está -5,6% debajo de su nivel en el mismo mes de 2015 y la construcción -4,1%.  La industria -4,5% y -8% contra su pico en noviembre de 2015. Un verdadero derrumbe.
Y, algo fundamental, el consumo masivo sigue sin repuntar. Sencillamente porque la política económica de Macri consistió en reducir el poder de compra de los salarios, de las jubilaciones, las asignaciones y los ingresos de PYMEs, comerciantes, profesionales y clase media. Así no hay plata que alcance.
No sólo el consumo está muy por debajo de 2015, sino que sigue cayendo mes a mes. Lo reconoce el INDEC: las ventas en supermercados cayeron -2,5% anual en mayo mientras que las ventas de centros de compras (shoppings) cayeron -4,3% anual.
También lo muestra CAME, que informó una caída en las cantidades vendidas de -1,4% en junio. Para Scentia, con datos a junio, el total de ventas en súper y supermercados chinos cae -4,3% y los alimentos tienen un retroceso del -o,6%. Para Kantar World Panel el consumo cayó cerca del -3% en junio.
Estás son caídas anuales, es decir, comparan el nivel de consumo de hoy con el que había en mayo/junio de 2016, cuando ya las ventas habían caído cerca de un -10%, producto de la devaluación y el tarifazo.
El consumo acumula una caída del 20% desde diciembre 2015. Es lo que se escucha de los comerciantes y PYMEs, a los que las venta les cayeron, según el rubro, la ubicación y el tamaño, entre un 20 y un 50%.

Sobre llovido, mojado: las ventas caen y Macri produce una avalancha importadora.


A la caída del consumo local se suma la apertura de las importaciones impulsada por el gobierno, que ya liquidó a sectores enteros de la industria como en el caso de las computadoras portátiles y otros, como calzados, textiles y marroquinería van por el mismo camino.
Lo cierto es que lo poco que se consume, es cada vez más de origen importado. 2016 fue el primer año desde 1975 en que crecieron las importaciones en cantidades mientras caía la actividad: desafiaron todas las leyes de la economía. En general, cuando hay recesión, las importaciones caen porque hay menos demanda. Con Macri, no es así: le saca trabajo a los argentinos para dárselo a los productores de afuera.
En la industria, a nivel sectorial, continúa y se profundiza la apertura de las importaciones en los sectores sensibles, sobre los ya elevados montos del primer semestre de 2016. Algunos ejemplos: se importaron 15 millones de pares de calzado, un 27% más. Entraron 19.360 toneladas de indumentaria terminada. Llegaron casi 40.000 lavarropas, un 358% más que en el primer semestre de 2016. Además, comenzaron a ingresar numerosos alimentos y bebidas. Esto explica la crisis de varias economías regionales.
En el sector automotriz, las ventas se incrementaron en los últimos meses, como siempre ocurre cuando hay expectativas de devaluación porque el valor de los autos se mueve con el dólar. Subieron las ventas, pero lo que asombra es la penetración de vehículos importados. Las ventas nacionales aumentaron 2% en junio, después de caer -7% en mayo, -17% en abril, -32% en marzo. Las ventas de vehículos importados aumentaron mucho más: 42% en junio, 58% en mayo, y 42% en 2016. La participación de los autos importados tuvo su récord en febrero de 2017 (72%), y en el segundo trimestre promedió el 70%. En lo que va del 2017, se importaron más de 314.000 autos terminados.
Después de la devaluación y la quita de retenciones de finales de 2015, las ventas de maquinaria agrícola nacional crecieron 8% en 2017. Pero las importadas crecieron muchísimo más: 68%. La participación nacional pasó del 85% en 2015 al 63% en menos de dos años. Aun en los sectores que crecen se observa el proceso de desindustrialización y extranjerización.
Pero no a todos los sectores primarios les fue bien. El sector lácteo está en crisis: la producción cayó un 10% y el consumo de leche por habitante un 25% en 2016, la caída más pronunciada desde 2001. Las economías regionales están arruinadas. A la caída del consumo interno se le suma que el país en el último año y medio empezó a importar vinos, limones, maíz, papas, batatas, frutas (como la uva de mesa y la banana), zanahorias, etc. 

Aumento electoral de la obra pública y situación de la construcción


Con respecto a la construcción, en 2016, el gasto de capital del Estado en términos reales retrocedió a su nivel más bajo en cinco años. En año electoral, el gasto aumentó, pero esto no es suficiente: la inversión del Estado Nacional en los primeros seis meses de 2017 cayó un -27% en términos reales respecto del mismo periodo de 2015.


La industria en caída libre


A la industria nacional la azotó una verdadera "tormenta perfecta", por los cuatro costados: caída de las ventas, tarifazo, encarecimiento del crédito y apertura de las importaciones. Por eso, la industria continúa estancada, pese a crecer un 6,6% en junio de 2017 interanual: en los primeros 6 meses de 2017 no creció nada respecto al mismo período de 2016. Si bien en el mes de junio crecen 11 de los 12 bloques (salvo el sector textil), la llamada “recuperación” es tibia y lenta y se da sólo en determinados sectores. Es un tímido rebote. Veamos.
En el primer semestre de 2017, de los 12 bloques industriales que mide el INDEC, la mayor parte (7 bloques) mostraron caídas acumuladas, después de caer a pique en 2016. Se destacan la refinación de petróleo (-2,2%), edición e impresión (-4,9%), papel y cartón (-4,0%), tabaco (-7,9%) y textil e indumentaria (-14,6%). Un octavo bloque se mantuvo prácticamente estancado: productos de caucho y plástico (+0,1%), mientras que en 2016 cayó -1,5%. 
Por último, sólo 4 bloques crecieron en el primer semestre de 2017 respecto al mismo período de 2016. Son aquellos relacionados con los grandes sectores agropecuarios, autos y la construcción. Pero ninguno de estos 4 bloques logró superar los niveles de 2015. Es decir, cayeron en 2016 y el rebote de 2017 no alcanzó para recuperar lo perdido. Todos están abajo de 2015, incluso los que crecieron ahora. Este tibio rebote es lo que el gobierno quiere mostrar como falsos brotes verdes en la industria.
En resumen, la industria cayó en 2016 un -4,6% anual, como consecuencia de la política económica del macrismo: destrucción del mercado interno, apertura importadora y tarifazo. Hubo meses del año pasado donde cayó -6,4%, -7,9% y hasta -8,0%. Durante 2016 se batió un verdadero récord de desindustrialización: TODOS los bloques (12 en total) relevados cayeron respecto a 2015. Y en lo que va de 2017 NINGUNO recuperó lo perdido.

Los que más perdieron: los trabajadores. Se destruye empleo privado y de calidad. Lo único que crece es el empleo precario.


En total se perdieron 82 mil empleos registrados en el sector privado en los primeros 7 meses del gobierno de Macri. Durante los siguientes 12 meses, apenas se recuperaron 36 mil. En el neto, 45 mil trabajadores perdieron su empleo y la “recuperación” no los alcanzó. Solo el empleo público creció en el acumulado desde diciembre 2015, derribando el mito de que venían a hacer un Estado más eficiente: lo que más aumentó es la cantidad de CEOS y funcionarios con altas remuneraciones.


A nivel sectorial, el caso más grave es, justamente, el de la industria, atacada por la caída del mercado interno y la apertura comercial, que ocupa al 20% de los trabajadores registrados en el sector privado. El saldo del macrismo a abril de 2017 son 58 mil empleos industriales destruidos. A pesar del impulso electoral de la obra pública, en la construcción todavía falta recuperar 11 mil empleos.
Mientras tanto, el gobierno insiste con la tergiversación estadística: el macrismo empezó a contar a los nuevos monotributistas como si fueran nuevos empleados. En el mejor de los casos, se trata del registro de un puesto de trabajo ya existente: alguien que empezó a pagar monotributo o bien alguien que perdió su trabajo formal y no le quedó otra opción que transformarse en monotributista. Además, el monotributo se paga mensualmente incluso si no se factura. Y Macri lo cuenta como un empleado. En general, se trata de precarización. Sin ART, sin vacaciones, sin aguinaldo, sin convenio. Son 70 mil nuevos monotributistas y 36 mil monotributistas sociales desde que asumió Macri. Se precariza el empleo, como en los noventa.


Esta recesión no fue gratis. No sólo hay menos empleo. La devaluación y el tarifazo se traducen en ingresos robados a los más vulnerables. En términos de poder de compra, se perdió el equivalente a dos meses de asignación por cada hijo, niño, niña o adolescente. Y los jubilados perdieron el equivalente a dos meses de jubilación mínima por cada jubilado. 


El supuesto “crecimiento”, además, no es sostenible: se basa en deuda externa.


Este modelo no solo destruye la producción nacional, sino que hipoteca el futuro de todos los argentinos, ya que su aparente “estabilidad” se basa en un masivo ingreso de deuda externa. La apertura y la devaluación de 2015 con la que inició su política económica el macrismo, fracasó con el prometido boom de exportaciones y la añorada lluvia de inversiones.
Desde que asumió Cambiemos el gobierno liquidó USD 44.200 millones en el Mercado de Cambios, provenientes de la deuda externa. Las reservas del BCRA sólo crecieron la mitad de ese monto. El resto, fue a financiar la fuga privada de grandes capitales en el marco de la bicicleta financiera.
Esto es grave. A la caída del consumo local se suma la apertura de las importaciones y el magro desempeño de las exportaciones. Los recientes datos de comercio exterior muestran que el déficit comercial del primer semestre de 2017 fue de USD -2.613 millones de USD, EL MAYOR DÉFICIT PARA UN PRIMER SEMESTRE DESDE 1994.


El Gobierno prepara un ajuste monetario y fiscal para 2018.


Aunque los consultores y bancos de inversión estiman que en 2018 se mantendrá un ritmo de crecimiento cercano a 3%, no existe ninguna evidencia que permita sostener esta postura.
El programa de metas de déficit que fijó el Ministerio de Hacienda pone fecha de vencimiento al veranito de la construcción, que además está impulsando a los pocos sectores industriales que crecen. Para cumplir sus metas fiscales de 2017 y 2018, el gobierno seguramente recortará la obra pública. Como con eso no va a alcanzar, se espera un ajuste en el gasto previsional y en seguridad social. Después de las elecciones se viene un recorte superior del gasto público. 
Por otro lado, la visible inconsistencia entre las metas de inflación y la efectiva dinámica de los precios tiende a profundizarse, en un marco de creciente incertidumbre cambiaria y nuevas devaluaciones. Seguramente, el gobierno profundice el ajuste monetario con tasas altísimas de interés (entre 25% y 30%), que lejos de garantizar la baja de la inflación, solo alimentan al negocio financiero, con una mayor recesión e inestabilidad.
En conclusión: después de la caída de 2016, lo que se observa es un leve y esperable rebote estadístico heterogéneo, regresivo e insostenible. Para peor, las políticas de ajuste fiscal y monetario que ya anunció que va a instrumentar el Gobierno, seguramente inducirán una nueva caída en 2018. Si Macri no cambia la política económica las cosas no van a mejorar, sino que van a ir peor. 

VENEZUELA. SUMISION, GUERRA Y PERIODISMO DE ENCUBRIMIENTO


Marcos Roitman Rosenmann, La Jornada

Informar no es tarea fácil. El periodismo de guerra es, tal vez, el más complejo. Inmerso en una batalla sicológica, está destinado a crear una opinión pública sumisa, acorde con los objetivos militares. Hoy, se ha decidido que Venezuela es un objetivo militar estratégico para Occidente. Una guerra entre el bien y el mal. Democracia versus dictadura. En esta guerra todo vale. Hasta el Vaticano se ha decantado. La Iglesia se siente amenazada y decide apoyar a los responsables de la violencia callejera, pero comprometidos con Dios, la familia y la moral católica. El papa Francisco se quita la careta, se decanta por la oposición, que ha quemado, baleado a trabajadores, mujeres y niños. Lo mismo hizo la Iglesia en Chile con el gobierno de Salvador Allende, en 1973. Apoyó el golpe. Luego vendrían las lágrimas y los arrepentimientos. Era tarde. Miles de ciudadanos habían sido detenidos, torturados y asesinados. El argumento es siempre el mismo: la fe está en peligro y la amenaza a los católicos.

El periodismo y los medios de información pertenecientes al establishment de los distintos países del bloque occidental han tomado una decisión: retrotraer a Venezuela a los tiempos del neoliberalismo, la economía de mercado y el pacto interoligárquico. Sin excepción, desde esta trinchera fundamentalista, alteran hechos, crean acontecimientos y fomentan el odio hacia el pueblo venezolano contrario a dichas posiciones y que sólo quiere vivir en paz. La última elección a la Asamblea Nacional Constituyente lo demuestra, pero la declaran ilegal y un fraude de ley. No aportan argumentos, salvo violencia, el sabotaje y la sedición golpista.

Mientras unos ejercen el derecho a voto y reclaman participar, otros queman urnas, ponen barricadas y lanzan cocteles Molotov contras las fuerzas armadas y la policía ¡Vaya dictadura más extraña! La oposición campa a sus anchas, desconoce el Poder Ejecutivo, amenaza a sus adversarios, los quema, impide ejercer derechos, usa la fuerza, manda a sus militantes a destruir edificios públicos, sabotear las elecciones y poner barricadas, vanagloriándose de este comportamiento. El mundo al revés. Tal vez por ese motivo sus representantes son admiradores de Francisco Franco, Augusto Pinochet y se sienten cómodos con el discurso neonazi y fascista. Para los incrédulos, sólo dos frases. Lilian Tintori, abanderada del antichavismo y compañera sentimental de Leopoldo López, declaró: Los opositores venezolanos es normal que vitoreen a Francisco Franco. Si viviera, nos apoyaría, como Rajoy. Y el ex alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, detenido por sedición y llamar al golpe de Estado, dijo sin complejo alguno: Augusto Pinochet era una demócrata al servicio de su pueblo.

El control es total. Cuando se declara la guerra contra el gobierno constitucional y legítimo de Venezuela se hostiga y patrocina la estrategia del miedo y el terror. Así, es posible usar adjetivos como asesino, corrupto, dictatorial, para referirse al gobierno. Todo, aderezado con declaraciones tendientes a desacreditar y negar la legitimidad del Estado, con el fin de declarar la guerra a muerte al chavismo. Podríamos seguir esta política que encubre o invisibiliza la ideología de los llamados demócratas venezolanos. La lista se haría interminable.

Pero sus aliados en el exterior no son mejores. Comparten tales afirmaciones desde el silencio cómplice y se suman a la guerra dando cobijo, financiando, desprestigiando a todo aquel que muestre su discrepancia. La ex diputada de Izquierda Unida Sol Sánchez, actual portavoz de IU en Madrid, ha sido amenazada, y el director de OKdiario.com., Eduardo Inda, tertuliano habitual en programas de radio y televisión, no tiene empacho en permitir artículos en los cuales la llaman defensora de asesinos, tiranos y terroristas. El ejemplo podría hacerlo en primera persona, pero desisto por pudor.

Los principales periódicos del Estado español secundan el golpismo en Venezuela, se unen a la guerra con editoriales incendiarios y mal intencionados. Los enviados especiales, un día sí y otro también, mienten, manipulan y desinforman. Me recuerdan el libro publicado y financiado por los servicios de inteligencia y el Grupo Prisa de los corresponsales de Le Monde y El País Bertrand de la Grange y Maite Rico: Marcos, la genial impostura. Una sarta de mentiras para desacreditar al EZLN. En ese mismo momento dejaron de ser periodistas para ser títeres del poder. Hoy sus homólogos renuncian a la profesión y se trasforman en soldados de una guerra. Antonio Caño, en El País; Francisco Maruhenda, en La Razón; Francisco Rosell, en El Mundo; Bieito Rubido, en ABC, y Marius Carol, en La Vanguardia, por citar los destacados, cumplen órdenes, aunque ello suponga abandonar los principios deontológicos para mentir. Se reconocen en el insulto, la descalificación y los exabruptos. No informan. Son parte de las radioemisoras, televisiones públicas, privadas y por cable que se dan a la tarea diaria de mentir, bajo el manto de una falsa objetividad. Es una guerra declarada contra el pueblo de Venezuela.

No es la primera vez que asistimos a un teatro de operaciones donde el control de la información conlleva manipular la realidad hasta hacerla irreconocible, forjando una mentira para subir la moral de los combatientes, aunque el resultado sea la derrota. Hitler no dejó de arengar a sus generales mintiendo y distorsionando los hechos. Estados Unidos, en la guerra de Vietman, hizo lo mismo, y hoy se repite en diferentes escenarios. Venezuela no es diferente. Sin embargo, esta guerra impuesta ha sido rechazada e impugnada en las urnas por el pueblo venezolano. Pero aún así la oposición dará un paso adelante, no reculará. Ha declarado una guerra y la llevará hasta sus últimas consecuencias. Occidente lo tiene claro: el proyecto bolivariano debe ser reducido a cenizas y sus militantes, aniquilados. Ese es el dilema. Esperemos que la derecha venezolana, hoy dividida, entre en razón, abandone el campo de batalla, la sedición y la violencia, acepte dialogar en beneficio de la paz. La mano está tendida. Sólo hace falta ser demócrata. ¿Lo será la oposición venezolana?

LA CENTRALIDAD DE CRISTINA -- Por NESTORNAUTAS



No sería exagerado afirmar que Cristina conserva hoy prácticamente la misma centralidad política que tenía cuando terminó su mandato, en diciembre de 2015; tanto para el gobierno, como para las oposiciones. Una centralidad que le permitió dejar la Casa Rosada como ningún presidente lo hizo desde el retorno a la democracia (en un acto público, con la Plaza de Mayo repleta de gente que fue a despedirla agradecida), y que hizo que también se le atribuyeran -con razón o sin ella- las mayores responsabilidades en el triunfo de Macri en el balotaje.

Ya con "Cambiemos" en el gobierno, lo que hiciera o dejara de hacer, dijera o dejara de decir Cristina, y su suerte en las causas judiciales armadas en su contra, se convirtieron en el tema central de la agenda política y mediática del país; incluso por encima de las propias medidas de Macri y el rumbo de su administración. Podrá decirse que justamente eso era lo que buscaban el gobierno y los medios hegemónicos, pero a juzgar por los resultados obtenidos, todo indicaría que les salió el tiro por la culata.

Con el paso de los meses y el fracaso de una tras otra promesa de segundos semestres y brotes verdes, la "lluvia de inversiones", el precio del dólar, las reformas "pendientes y necesarias" todo pasó a depender de Cristina; si se presentaba o no a elecciones, si las ganaba o no.

Cristina como fantasma a exorcizar es lo primero que aparece en las justificaciones de los empresarios que acompañan al gobierno, pero siguen sin ver la luz al final del túnel; y los operadores pseudo periodísticos de los medios nos explican que lo primero que preguntan los inversores extranjeros antes de decidir hacer negocios en el país, es que va a pasar con Cristina.

Stolbizer la eligió como mono-tema de acumulación política (al punto de criticar como se viste, en una disputa solitaria de peluquería, como diría Aníbal), y por eso Massa la busca, para ganarse el voto anti K, al punto de lanzar su canfidatura prometiendo "frenar a Cristina"; y no a Macri, su gobierno y sus políticas.

El peronismo "autocritico renovador post kirchnerista" la puso como ejemplo de los errores que no deben cometerse, creyendo que así acumulaba (aunque evitando nombrarla directamente muchas veces), y hoy con Randazzo en campaña habla más de ella, que de Macri. El dicho que se viralizó en las redes sociales no puede ser más preciso: todos  los opositores hablan de Cristina, y Cristina habla de Macri.

La eligió como adversaria la mesa chica del gobierno para organizar la campaña, y ahora comprueban que el experimento se les fue de las manos, y al calor de los mocos de gestión cobró vida propia, ya no lo controlan y es casi seguro que lo padezcan en forma de derrota electoral. Los plumíferos del régimen que no hicieron otra cosa que escribir de ella mil veces (como Morales Solá) ahora están preocupados porque se le dio demasiada importancia.

Por contraste, para muchos Cristina es el nombre de la esperanza, el freno seguro a las políticas de Macri, o en todo caso el freno posible y a la mano, la única a la cual el gobierno teme, y la única derrota (la que todo indica sufrirán a manos de ella) que les dolería, sin que puedan disimularlo por más piruetas dialécticas que ensayen.

Cristina logró lo que nadie: hacerle perder la postura de hada buena a María Eugenia Vidal, y mostrar en público un rictus desencajado, como el que debe reservar en privado para mandar a reprimir trabajadores como en Pepsico o Cresta roja: en tono destemplado Vidal clama y exige que Cristina haga campaña del modo que le conviene al gobierno.

Cristina es la piedra en el zapato de los arquitectos del peronismo post kirchnerista, que dejan trascender en los medios que se juntan "para mostrarles los dientes a ella y a Macri", como si los dos gobernaran, y no uno (Macri), mientras la otra es la principal referencia opositora; y lo viene siendo desde el inicio mismo del gobierno.

La dieron por jubilada, muerta, presa y sepultada, a su ciclo por acabado, su representación en la sociedad disminuida y su influencia política desaparecida. No tiene (por decisión propia) fueros ni cargos, ni electivos ni partidarios; y sin embargo es la personalidad política más importante del país. Incluso -según se mire- más aun que Macri, porque ella no está pendiente de lo que él haga, pero a la inversa vaya si sucede; tanto que el presidente ha deslizado que sus legisladores tratarán de impedirle asumir en el Senado, si es electa, en una confesión de impotencia política difícil de superar.

En buena medida todo eso es responsabilidad de la propia Cristina (por lo que hizo cuando te tocó gobernar), tanto como de los que no la quieren nada: no fue Cristina la que definió el rumbo del gobierno de Macri, ni provocó los estropicios sociales y económicos que sus políticas están causando. Por el contrario, Macri aplica políticas que en el país se ensayaron tras enormes crisis politicas, económicas y sociales, con prescindencia de wue recibió un país en marcha. 

Tampoco Cristina hizo nada ni movió un dedo para impedir que el "peronismo de Perón" o el "post kirchnerismo" se organizaran, cobraran volumen político propio y la hiciera nprescindible. Si no lo consiguieron, es exclusivamente atribuible a su propia chatura y liviandad política, no a ella.

El fenómeno Cristina -que excede la próxima elección, pero que la cubre por completo- tiene tanto que ver con sus propias condiciones de liderazgo (que algunos insisten en cuestionar y discutir, tanto como la gente insiste en ignorarlos, y seguirla a ella), como la orfandad y las precariedades de un sistema político que aun arrastra los coletazos del estallido del 2001, en las estructuras partidarias y en la falta de alumbramiento de una clase política a la altura de las circunstancias.

Y eso -por supuesto- no es responsabilidad de Cristina, que en todo caso se las compuso (al igual que Néstor) disimulándolo bastante bien cuando le tocó gestionar, y ahora que le toca ser opositora; haciendo política a la antigua (aun con cambios cosméticos, como en ésta campaña electoral); es decir haciéndose cargo de la obligación de representar, en medio de un festival de defecciones. 

Razón por la cual sigue siendo Cristina, así como (salvando las distancias históricas) Perón, tras 18 años de exilio y proscripción, lejos de las herramientas del Estado y de la posibilidad de otorgar beneficios materiales a la gente, siguió siendo Perón.

NUNCA ES MALO EL DEBATE...

Peronismo: el hecho maldito en la interna con la

socialdemocracia porteña

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“Pasar junto a la realidad con los ojos cerrados es una modalidad intelectual característica de la educación impuesta a los pueblos coloniales por los pueblos dominadores. Un conjunto de palabras de embeleco y de doctrinas aparentemente generosas suplanta a la cruda y siempre revuelta consideración y examen de los hechos de la vida real.
Las doctrinas, las teorías y las bellas palabras sazonadas con el ingenio o el sacrificio de otros revisten a nuestro pensamiento de un oropel fácil de adquirir y del que es duro desprenderse. Por otra parte las ideas y conclusiones que se extraen del estudio directo de la realidad pueden llegar a ser de una simpleza desconsoladora. Con frecuencia, tras un largo rumiar hechos y examinar circunstancias, terminamos redescubriendo el paraguas. No nos desalentemos, sin embargo, por eso. Ese paraguas será un instrumento nuestro, tosco, quizá, pero enteramente adecuado a nuestras necesidades. Por lo menos ese paraguas no encerrará una traición.” – Raúl Scalabrini Ortíz

Este no es un análisis “objetivo”, como ninguno lo es, sino más bien un manifiesto argumentado de por qué las PASO porteñas son el vector democrático de un debate necesario y subyacente: el debate entre el peronismo y la socialdemocracia progresista.
El diario la Nación ya habla de Moreno como “socio incómodo de Filmus”. Pero claro, irremediablemente es el diario La Nación . Sin embargo, vale refrescar las declaraciones del propio Filmus en ese reciente y extenso reportaje, que no tuvo preguntas ni respuestas al azar.
Más abajo, algunos fragmentos:
El Presidente dijo que si gana el oficialismo van a insistir en la expulsión de De Vido. ¿Usted cómo votaría?
-En 2013 fui el único senador que pidió el desafuero de Menem, pero no tuve resultados porque el desafuero lo tiene que pedir la Justicia.
Respecto de Moreno, agrega:
Después de las PASO puede que comparta lista con Guillermo Moreno. ¿Le molesta?
-Nosotros, para tener nuestra propia mirada, no hicimos la lista con Moreno. Competimos con él en las PASO y aspiramos a ganar para tener nuestra propia lista.
-¿Qué mirada tiene de la intervención del Indec?
-He sido crítico, por eso no compartimos la lista. 
Ahora bien, en marzo de este año la Justicia en lo Contencioso Administrativo Federal avaló por segunda vez las mediciones de inflación que realizó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC),  y al “polémico” secretario con el que el candidato progresista tiene diferencias en torno a esta cuestión.
Se puede afirmar sin miedo a errar que, por lo menos, la displiscencia del discurso socialdemócrata dentro del espacio nacional-popular de CABA y su nivel de sumisión mediática para con temas centrales como el INDEC (con fallo favorable de la justicia), debe convocar a los peronistas de todos los rincones porteños a discutir desde su propia identidad, sin disfraz, sin agachadas discursivas, los valores profundos que interpelan (o debieran interpelar) al conjunto de los que nos declaramos militantes por la causa del pueblo.
El argumento moderno-realpolitik del tipo “hay que dejar de hablar de Clarín porque nos resta”, nos condena a tener una acotada comprensión táctica del proceso electoral que licua nuestra identidad política y nos pone en una góndola de supermercado, como “una oferta más” que pasó el control de calidad mediático-judicial y “está en condiciones” de participar del demoliberalismo que encubre el saqueo. A su vez, adoptar esta postura impregnada de un realismo más mediático que político nos sigue mostrando sordos ante la prédica del Papa, y ciegos ante la avanzada del poder concentrado continental.
Lamentablemtente, hoy la política argentina vive sumida en la idea de que “ser honesto” significa ser un dirigente o candidato que nunca enfrentó al poder real. Este tamiz lo aporta el termómetro de honestismo vía poder mediático-judicial. El vector que traduce el grado de moralidad es manipulado por los mismos que los “modernos” aconsejan no seguir señalando.
Está todo muy licuado. Es parte del liberalismo posmoderno. Por eso, todo aquel que se aferre a conceptos definidos, concretos, que hable desde una DOCTRINA PROPIA Y NUESTROAMERICANA , con conceptos claros, es alguien “duro”, en el sentido de peligroso o anticuado, como gráficamente le señalara el periodista deportivo y moderador de opinión Alejandro Fantino a Guillermo Moreno, cuando este último hablaba de oligarquía: “¡¡Guillermo atrasás!!”.
Es que el negocio de la oligarquía es que todo permanezca licuado, y que la idea de silencio sobre cuestiones “que atrasan” se logre imponer en todos los actores políticos que -por acción u omisión- contribuyen a la teatralización mediatizada de la política. En ese teatro a ciegas, el ciudadano/trabajador/votante no sabe quién le aumenta los precios, quien es el responsable de la seguridad, del desempleo, etc. En ese berenjenal de confusión, todo es tan complejo para nuestra fauna de cráneos que nadie lo entiende pero todos lo problematizan. Sobre esta última fatalidad cultural se erijen los programas de “debate”, de los que hablaremos, quizás, en otro escrito.
En ese torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada ingresa la discusión política, ya no para orientar el sentido, sino para resquebrajarse en ese convite mediático donde la persona política es evaluada por sus características personales y no por su actuación política.
Si la política oficia solo de ingrediente pseudo-polemista, se desjerarquiza y se transforma en teatralización vacía y pose mediática, y la representatividad propia de la dimensión política corre el riesgo de ser transplantada, desde la política hacia los medios, y de los medios a quien los controla.
Entonces, ¿qué sucede cuando alguien irrumpe en la escena y llega para disputar sentido con un lenguaje claro, sin muchas esdrújulas, y con profunda solidez argumental? Cuando llega alguien que empieza a develar la confusión planificada con conceptos simples la oligarquía se asusta y por ósmosis cultural la misma oligarquía se encarga de asustar hasta al verdulero de tu barrio, y así ad eternum, hasta obturar cualquier reflexión sobre los problemas centrales que enfrentamos como pueblo.
El debate en las PASO de la Capital Federal es (en esta instancia) con esa socialdemocracia, dentro de un frente común con otras fuerzas con el suficiente volúmen para construir una resistencia mancomunada a la consolidación del proyecto de miseria planificada del macrismo. En este sentido es que para tener voz propia y participar de una táctica frentista, es fundamental que los peronistas votemos peronismo, para discutir sin disfrazarnos de lo que no somos, como quizás se hace en otros espacios.
Humildemente, muchos entendemos que la tarea es predicar orgullosamente desde la propia identidad, sin sectarismos, pero sabiendo que es impostergable dar el debate al interior de nuestro espacio a través del legado doctrinario para volver a poner la discusión política nacional en un terreno de claridad para nuestros compatriotas. Esto es: clarificar y dotar de perspectiva a nuestro pueblo sobre el histórico dilema de hierro de nuestra nación que presenta dos modelos de país reales –como lo entendió el peronismo de todas las épocas, también el de Néstor y Cristina– no entre 4 o 5 ficticios.